Trabajadores de Tierra Amarilla: cuando la realidad nos llena de barro

Por CIPSTRA

 

En el noticiario de TVN, 24 Horas, una de sus periodistas cuenta el difícil momento que vive Tierra Amarilla, puntualmente San Antonio, una de las localidades ubicadas al interior del río Copiapó. Dentro de otras noticias desgarradoras, aparece un testimonio que ha llamado profundamente la atención, no tan sólo por la crudeza de lo que se cuenta, sino por las circunstancias que lo envuelven: cerca de diecisiete personas se encontrarían desaparecidas al ser arrasado el campamento donde vivían los trabajadores de la empresa Frutícola y Exportadora Atacama Ltda. por el agua y barro que bajaba por el río y quebradas. Todas ellas trabajadores y trabajadoras agrícolas, cuyo sistema de alojamiento consistía en containers y pabellones adaptados como habitaciones, que separaban hombres y mujeres a través de una reja, las cuales se cerraban indefectiblemente a las 23:00 hrs. según consta en el testimonio dado. En el lugar habrían estado unas 200 personas aproximadamente.

Como es de esperar, a esta noticia se han sumado otras que otorgan información contraria respecto de este hecho. La presidenta Michelle Bachelet ha señalado que no se ha demostrado hasta ahora que este relato es verídico: “De todos modos, la Dirección del Trabajo fue a la zona para verificar si existiera tal situación o no. Hasta ahora, y se sigue buscando, no hay ninguna evidencia de esta situación” (1). Lo mismo ha señalado el gerente de Frutícola Atacama, Horacio Parra, quien incluso tuvo la desfachatez de señalar que la empresa ha enviado ayuda y que él mismo ha participado del terreno en ayuda de los y las trabajadores/as: “Es totalmente falso que la gente duerma en contenedores cerrados, no es así, no es la política de la empresa, nunca lo ha hecho”, afirmó a Radio Cooperativa (2).

Finalmente, ha sido una de las trabajadoras de la empresa quién ha puesto de manifiesto la cruda realidad. La empresa contaba con trabajadores de packing y de terreno que se distribuían en dos campamentos relativamente próximos, uno muy cerca de la quebrada y otro más alejado. Los terribles relatos se refieren al primero, el campamento Capilla, construido en medio de un curso de agua, que mantenía diferenciado el espacio de hombres y mujeres por medio de una reja alta. Esta era la reja que estaba cerrada al momento del alud, y que los días de semana se cerraba a las 23:00 hrs. y los fines de semana a las 00:00 hrs. La trabajadora señala incluso que las mujeres del campamento habían hablado con los encargados para pedir que dejaran de cerrarla, porque en caso de emergencia esto era muy peligroso. La empresa no les hizo caso. En este campamento, los hombres dormían distribuidos en dos camarotes en los 24 containers y las mujeres de terreno también. Sin embargo, las mujeres de packing dormían en piezas de material liviano.

“El problema es
claro: mientras
el trabajo
humano sea
considerado como
‘un factor más
en la producción’,
estos abusos
van a seguir
ocurriendo. El
trabajo humano
es el que
permite a todas
las empresas
obtener las
ganancias que
tienen.
Arriesgarlo no
es mera estupidez,
es la clara idea
que tienen de
que la “fuerza
de trabajo” es
reemplazable, y
mientras menos
calificación se
requiera más
fácil es hacerlo”

¿Qué es lo que ocurrió entonces? La trabajadora cuenta que al estar tan cerca de la quebrada, los containers del campamento fueron arrastrados por el alud hasta las piezas de material liviano, aplastándolas y destruyéndolas. Las mujeres que estaban en el recinto cerrado por la reja, se las arreglaron para saltarla con ayuda de sus compañeros. Para salvarse, algunos trabajadores se subieron a las improvisadas piezas que no se desplazaron o a los árboles, o corrieron a unas cabañas cercanas donde pudieron refugiarse. Vieron cosas terribles como compañeros/as aplastados, y compañeros y compañeras que se les soltaron de las manos. Es por eso que saben con certeza de la existencia de muertos y de varios desaparecidos. Una tragedia que no termina porque los que se salvaron estuvieron más de un día con heridas abiertas y sin recibir ningún apoyo de la empresa. Recién el día 28 de marzo, la trabajadora señala que los fueron a buscar hasta Viña del Cerro, diciendo que los llevarían a Nantoco (3), donde tenían buses esperándolos para llevarlos a sus casas. Pero, en sus palabras, al llegar “los buses se transformaron en dos furgones con capacidad para 18 personas. Uno iba a la quinta región y otro a la cuarta. Y un bus para 46 personas con destino a Santiago”. Y esto para alrededor de 200 personas, que son las que lograron salvarse. No obstante, los/as trabajadores/as no conocen el lugar donde los llevaron, y éste no contaba con servicio de luz. Hasta ese día estaban a la espera de que trajeran otros buses para llevarlos a sus casas.

¿Qué ha hecho la empresa para compensar no sólo el trauma al que fueron expuestos los trabajadores por las precarias condiciones en las que viven sino que también la pérdida total de sus pertenencias? La trabajadora señala un miserable pago de 50 mil pesos más una colación. La próxima semana, esperan el finiquito más el sueldo que está pendiente. Compensación vejatoria como ella también señala, considerando la negligencia de la empresa y las mentiras o inoperancia que señala Horacio Parra, negando esta situación.

Al respecto queremos señalar como CIPSTRA que esta situación no puede considerarse como un “error” o una situación aislada. Es fundamental que el gobierno deje de hacer la vista gorda respecto a que los rubros más desprotegidos y precarizados deben ser los más fiscalizados, y que este caso muestra que si bien muchas de estas instalaciones cuentan con autorización oficial, su funcionamiento depende exclusivamente de los empresarios. La empresa Frutícola y Exportaciones Atacama posee un extenso prontuario en denuncias laborales, 169 juicios en los últimos cinco años (4) lo cual, al parecer, no es fundamento suficiente para paralizar sus faenas.

Hoy fue el turno de los temporeros, pero no podemos olvidarnos de los trabajadores del Supermercado Santa Isabel del Mall del Trébol (5) que en Talcahuano permanecían encerrados para el terremoto del 2010; o el tan bullado caso de los 33 mineros ese mismo año; ni tampoco de los casos de trata de extranjeros en nuestro país, y que ha sido señalado por la presidenta como una de las prioridades del gobierno (6) dando lugar a la Mesa Regional de Trata de Personas en Atacama. Asimismo, debe llamar nuestra atención que la mayoría de las víctimas sean mujeres, cuya “seguridad” estaba siendo resguardada por aquel encierro (7).

“Es fundamental
exigir hoy un
cambio en las
relaciones
laborales, en
la seguridad,
en entender
al trabajador
más allá de
los niveles
de productividad
que posee. Es
preciso dejar
de parchar los
problemas y de
conformarnos con
preocupaciones
impostadas, y
abocarse a
solucionarlos
de raíz”

Lo anterior lleva a plantear una cuestión que no puede dejar de considerarse. ¿Tenemos en Chile casos aislados de “malos empresarios”, y para que estas situaciones no ocurran debemos mejorar solamente las fiscalizaciones y la educación? ¿O es que la necesidad primordial de los empresarios de obtener más ganancias hace que condenen a sus trabajadores/as a las peores condiciones laborales sólo por reducir gastos? Aún más, si los contratos laborales regulan la jornada del trabajo, ¿por qué la empresa pone horarios de cierre post-jornadas no sólo en la semana sino también los fines de semana, atentando además contra su seguridad? ¿Por qué además impide que hombres y mujeres se relacionen en su tiempo libre?

En ramas extractivas, tan claves para la economía chilena – como la agrícola, pero también como la minera o la forestal-, donde las zonas productivas se instalan en lugares lejanos a los centros poblados, ¿es aceptable que esos trabajadores que realizan labores tan importantes para Chile vivan en instalaciones precarias y en condiciones muchas veces inhumanas? Además de estar alejados de sus familias por temporadas más o menos largas, las empresas los exponen a sufrir limitaciones personales que como vemos son capaces de exponerlos a la muerte, sin que la empresa responsable se preocupe al menos de prestar toda la ayuda necesaria en estos casos.

Debemos notar que los trabajadores chilenos somos expuestos a abusos no sólo en estas ramas sino en otras como los casos del retail, donde las cajeras han sido obligadas a usar pañales para no dejar sus puestos de trabajos para ir al baño. En las mineras y puertos, donde los accidentes laborales están a la orden del día porque no hay real seguimiento de las condiciones de seguridad. O en la industria del salmón, donde durante largas jornadas que exceden las 8 horas, los padres son imposibilitados de llamar a sus hijos/as. Son solo los casos emblemáticos y conocidos.

El problema es claro: mientras el trabajo humano sea considerado como “un factor más en la producción”, estos abusos van a seguir ocurriendo. El trabajo humano es el que permite a todas las empresas obtener las ganancias que tienen. Arriesgarlo no es mera estupidez, es la clara idea que tienen de que la “fuerza de trabajo” es reemplazable, y que mientras menos calificación se requiera más fácil es hacerlo. Este caso es una certera muestra de ello: frente a todo el riesgo y muerte de compañeros, los/as trabajadores/as buscan ser “compensados” con un bono, actitud realmente vergonzosa. Esa es una señal evidente no sólo de falta de interés en las condiciones de estas personas y una falta de respeto rotunda y criminal, sino que también una muestra de que el interés profundo está en no perder las ganancias que estos trabajadores han generado.

Ante esto, no tenemos más que expresar nuestro profundo y absoluto repudio frente a esta situación en particular, y todas las similares, donde se mantienen trabajadores/as en condiciones precarias tanto para su seguridad física como para su integridad moral, donde se les expone a la muerte, a accidentes laborales o a traumas psicológicos como en este caso. Donde se les pagan salarios absurdamente bajos, mientras el capital obtiene retornos inimaginablemente grandes. Y además, no podemos sino repudiar la actitud ambigua del gobierno que se excusa de proteger a las personas de ser expuestas a estas tragedias porque tampoco fiscaliza ni regula apropiadamente.

En un contexto nacional donde las catástrofes están a la orden del día, este tipo de lamentables sucesos van mostrando las formas concretas que tienen las relaciones entre trabajadores y empleadores. No hay que olvidar que se discute una Reforma Laboral, que entre otros graves problemas, deja fuera a trabajadores/as temporales agrícolas, los cuales son reducidos a un “Estatuto Agrícola” pactado entre empresarios y el gobierno. Es difícil sostener la teoría de los “accidentes aislados”, la evidencia reitera una y otra vez que somos un país muy precarizado laboralmente. Por lo mismo, no podemos esperar que sigan ocurriendo estas tragedias. Es fundamental exigir hoy un cambio en las relaciones laborales, en la seguridad, en entender al trabajador más allá de los niveles de productividad que posee. Es preciso abocarnos a solucionar estos problemas de raíz, y dejar de parchar los problemas conformándonos con preocupaciones impostadas.

Son diversas las formas en que los trabajadores pueden hacer frente a estas escandalosas formas de abuso. En particular, es necesario informarnos como trabajadores, denunciar las situaciones anómalas, y poner en práctica una amplia solidaridad de clase entre los trabajadores ante la identificación de este tipo de hechos. ¡No se pueden seguir sacrificando vidas para enriquecer a unos pocos! Por estas y muchas razones más, invitamos a los trabajadores y trabajadoras a hacerse parte de las movilizaciones que próximamente se llevarán a cabo para rechazar los retrocesos contenidos en la Reforma Laboral. Se trata de diferentes momentos de una misma lucha: la lucha por construir la organización y el poder de los trabajadores.

(1) 2015. Hoyxhoy. “Bachelet llegó hasta Talca y comprometió ayuda para los damnificados”. Recuperada de http://www.hoyxhoy.cl/Sociedad/2015/03/27/312941/Bachelet-llego-hasta-Taltal-y-comprometio-ayuda-para-los-damnificados/ciudad/

(2) 2015. Soycopiapó. “Frutícola negó que las trabajadoras estuvieran encerradas en un container arrastrado por el alud”. Recuperada de http://www.soychile.cl/Copiapo/Sociedad/2015/03/28/312986/Fruticula-nego-que-las-trabajadoras-estuvieran-encerradas-en-un-container-arrastrado-por-el-alud.aspx
(3) 2015. Cooperativa. “Temporera de Frutícola Atacama: Campamento se cerraba para separar hombres y mujeres”. Recuperada de http://www.cooperativa.cl/noticias/pais/desastres-naturales/inundaciones/temporera-de-fruticola-atacama-campamento-se-cerraba-para-separar-hombres-y-mujeres/2015-03-28/224219.html
(4) 2015. “Trabajadoras desmienten a la empresa frutícola Atacama: Las Temporeras de la capilla sin dios”. Recuperada de http://resumen.cl/2015/03/trabajadoras-desmienten-a-la-empresa-fruticola-atacama-las-temporeras-de-la-capilla-sin-dios/
(5) 2011. La Tercera. “Denuncian que empleados de supermercado son encerrados mientras trabajan”. Recuperada de http://www.latercera.com/noticia/nacional/2011/03/680-353244-9-denuncian-que-empleados-de-supermercado-son-encerrados-mientras-trabajan.shtml
(6) 2015. Diario Chañarcillo. “Trabajan para prevenir la trata de personas en Atacama”. Recuperada de http://chanarcillo.cl/articulos_ver.php?id=88972
(7) 2015. El Desconcierto. “Las mujeres del container”. Recuperada de http://eldesconcierto.cl/las-mujeres-del-container/

Tierra amarilla trabajadores rurales

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