Reflexiones sobre la organización sindical del sector portuario desde la coyuntura en Mejillones

Reflexiones sobre la organización sindical del sector portuario desde la coyuntura en Mejillones

por Sebastián Osorio
Miembro CIPSTRA

 

(En el marco de nuestra investigación sobre “Transformaciones neoliberales y conflictividad sindical en los sectores estratégicos de la economía chilena” tuvimos la oportunidad de acercarnos a compartir y entrevistar a los trabajadores del Puerto Angamos, ubicado en la periferia de Mejillones. Esta es la primera de otras columnas sobre el sector de transporte portuario que iremos publicando.)

Angamos es en muchos sentidos un puerto emblemático. Fundado con su actual infraestructura hacia 1996 y modelo de vanguardia de la política de puertos concesionados inaugurada por la Concertación, fue presentado en su momento como ejemplo de la “modernización neoliberal” en el área de transportes[1]. Aunque no es el más grande de Chile y está sólo a una hora del puerto de Antofagasta, tiene la peculiaridad de ubicarse en un lugar perfecto para la exportación e importación de los productos y suministros necesarios de algunas de las mayores minas de cobre chilenas (y del mundo): Chuquicamata, Escondida, Radomiro Tomic, Spence, etc.

“Nunca antes la
relación entre las
bases y sus dirigentes
fue tan fluida y
transparente; el nivel
de confianza y
compañerismo,
construido a base de
solidaridad,
autocrítica (y una
que otra pichanga y
asados) y reforzado
ahora por el entusiasmo
de la movilización,
tampoco había sido
visto; resulta increíble
cómo cosas tan sencillas
generan entre los
trabajadores una
disposición diferente a
la lucha, permitiéndoles
en pocos meses unificar
a más de 300 miembros
en su organización (de
un total de 600
aproximadamente)”

Además del volumen de valor que se moviliza por este puerto, ya de por sí suficiente para entender su importancia, se debe considerar adicionalmente que también –hasta este año- había sido admirable el comportamiento de sus trabajadores, al menos para los empresarios primario-exportadores. Y es que la empresa concesionaria Ultarport de capitales liderados por la familia Von Appen, desarrolló a lo largo de sus 17 años de operaciones una cuidadosa estrategia para neutralizar y aplacar toda forma de conflictividad sindical. Por un lado, se preocuparon de hacer creer a sus trabajadores que eran privilegiados, pues el salario y las condiciones laborales que gozaban eran supuestamente superiores en relación con los otros puertos; por otro lado, los actuales dirigentes cuentan que la gerencia siempre fomentó sindicatos o dirigentes “amigos”, o derechamente comprados cuando la “buena onda” no era suficiente.

Los portuarios en general, y los de Mejillones en particular, no corresponden al imaginario del trabajador pobre chileno. Con sueldos que van desde los $600.000 hasta el $1.800.000 dependiendo de las horas de trabajo y la función, su situación económica es relativamente tranquila. Alguno habló de la “jaula de oro” en la que trabajan, ya que si bien sus ingresos pueden ser decentes, el mayor problema que tienen es la precariedad en sus condiciones laborales. Además, aunque no se trata de la masa de trabajadores más apabullada por el capitalismo chileno, se está muy lejos de un nivel de vida que haga confundir la pertenencia de clase: en los puertos existe una cultura obrera definida, una tradición y cierta conciencia de clase, pero sobre todo hay una identificación con lo popular.

En cuanto a las organizaciones sindicales, hasta fines del año pasado existían en Angamos más de 3 sindicatos, la mayoría con un desempeño bastante pobre, peleados entre sí, separados entre eventuales y contratados, y con dirigentes “mojados por la empresa” como afirman los trabajadores. Solo luego de mucho tiempo y con la llegada de algunos obreros con cierto nivel de estudios técnicos en derecho y economía, se pudo esbozar la posibilidad de un sindicato unificado de contratados y eventuales, que diera una verdadera lucha contra la empresa por las demandas de los trabajadores, y que tuviera conocimientos y argumentos para superar las barreras y excusas de Ultraport ante cualquier reivindicación. Así, desde un escenario de fragmentación, debilidad y pasividad, se comenzó a proyectar una organización sindical con vocación de agrupar a la totalidad de trabajadores de la empresa: el Sindicato N°2.

¿Qué razones permitieron a este nuevo sindicato superar al menos en parte los problemas organizativos que arrastraban los trabajadores de la empresa Ultraport? Es difícil sacar conclusiones, pero algunas de las pistas entregadas por los mismos trabajadores son sugerentes: nunca antes la relación entre las bases y sus dirigentes fue tan fluida y transparente; el nivel de confianza y compañerismo, construido a base de solidaridad, autocrítica (y una que otra pichanga y asados) y reforzado ahora por el entusiasmo de la movilización, tampoco había sido visto; resulta increíble cómo cosas tan sencillas generan entre los trabajadores una disposición diferente a la lucha, permitiéndoles en pocos meses unificar a más de 300 miembros en su organización (de un total de 600 aproximadamente). Pero para hacer honor a la verdad, se debe reconocer cierto mérito de la empresa misma, que jugó un papel de extraordinaria torpeza ante sus demandas.

Antes que nada, hay que aclarar que en los puertos existen a grandes rasgos dos tipos de trabajadores: los contratados y los eventuales. Los primeros cuentan con contrato indefinido y un sueldo base moderado que se complementa con bonos y otros ingresos, mientras que los segundos tienen un sistema de turnos, que en el caso de Angamos, es de 7 horas por $30.000 que solicitan y que la empresa concede o rechaza a su arbitrio. Por una mera cuestión de estabilidad estos últimos parecen tener las peores condiciones, especialmente si se considera la excesiva carga de turnos que solicitan para obtener un ingreso de acuerdo a sus expectativas y al caro nivel de vida de Mejillones, que en algunos casos llega a los 35 turnos sumando hasta 56 horas semanales.

“Uno a uno fueron
llegando y haciendo
notar su solidaridad
con la lucha
compañeros de otras
latitudes y los mismos
problemas, llegando a
sumar más del 85% de
las faenas de
importación y
exportación, desatando
el pánico del Gobierno
y los exportadores,
conscientes de la
fuerza con que cuentan
unidos y de la
necesidad de extender
esta unión a
organizaciones de
otros sectores de la
economía. ¿Cómo iban
a imaginar los
gerentes que las
clásicas amenazas de
unidad en la lucha
de los trabajadores
se materializarían de
esta manera?”

Pero desde luego también existen problemáticas transversales, y de ellas surgió la primera movilización de importancia en este puerto. Un aspecto previo es evidente: la cantidad de toneladas que pasan por el puerto se convierten en suculentas ganancias para la empresa, de la cual los trabajadores participan en una ínfima fracción. Pero el conflicto fue gatillado cuando el nuevo sindicato levantó la “subversiva” demanda de contar con media hora de colación[2], que al ser rechazada por la empresa fue tomada de facto desatando el enfrentamiento. La reacción y los hostigamientos no se hicieron esperar: la empresa le otorgó la media hora a los otros sindicatos, negándosela al N°2 y amenazando a sus dirigentes con despidos, cerrándose al diálogo de paso. No obstante, sólo lograron radicalizar la movilización empujando a este sindicato a un paro y a impedir la entrada del resto de los trabajadores para lograr una paralización total. Uno de los mayores aciertos de este movimiento a esa altura fue haber logrado sumar a los obreros de posiciones estratégicas en la empresa, por ejemplo a los grueros, a quienes la gerencia, en una muestra del despliegue de prácticas antisindicales ante el surgimiento de movimientos organizados con demandas bien estructuradas, les ofreció una cantidad increíble de dinero por seguir trabajando.

Durante el primer día de paralización el panorama era un verdadero ejército de Carabineros, que trajeron sus respectivos refuerzos desde Antofagasta. Ese día detuvieron a 14 trabajadores, y ocurrió un hecho que terminó por agudizar aún más la movilización: la brutal golpiza propinada por Fuerzas Especiales dentro de su micro al “Mancha”, secretario del sindicato y que cometió el delito de flamear una bandera chilena (ver el video abajo). Curiosamente, esto último junto con la novedad de un movimiento con fuerza en Mejillones, desembocó en otra situación inesperada: el apoyo de los trabajadores de otros puertos a lo largo de Chile. Desde Iquique primero, y luego desde más al sur, uno a uno fueron llegando y haciendo notar su solidaridad con la lucha compañeros de otras latitudes y los mismos problemas, llegando a sumar más del 85% de las faenas de importación y exportación, desatando el pánico del Gobierno[3] y los exportadores, conscientes de la fuerza con que cuentan unidos y de la necesidad de extender esta unión a organizaciones de otros sectores de la economía. ¿Cómo iban a imaginar los gerentes que las clásicas amenazas de unidad en la lucha de los trabajadores se materializarían de esta manera?

La situación, luego de más de 20 días de paro acabó por resolverse con un saldo positivo para los trabajadores. Tanto los ministros[4] como los gremios exportadores[5] transparentaron su abierta hostilidad con la movilización y el apoyo hacia Ultraport. Si se considera que la demanda no parecía ser tan compleja de resolver, la razón más obvia de esta actitud no era otra que dar un golpe de fuerza para aplacar la voluntad de los portuarios y rechazar el peligroso precedente de una organización de trabajadores capaz de poner en jaque la economía nacional para obtener sus demandas. Aunque parezca broma, para conseguir este fin los señores del capital prefirieron amenazar con botar a la basura sus mercancías antes que aceptar la legitimidad del reclamo de media hora de almuerzo[6].

Por su parte, e independiente del resultado de esta movilización, los desafíos sindicales que este sector tiene por delante son muchos. En primer lugar, ante sus ojos está el germen de una organización sindical sectorial con enorme poder, presentándoseles el reto de proyectar desde ya una coordinación orgánica sólida y que siga demostrando la solidaridad de forma concreta. En segundo término, se puede plantear la construcción de un programa reivindicativo en común que logre ir más allá de sus demandas gremiales. Finalmente, quedará siempre la difícil tarea de articular este movimiento con otros sectores sindicales combativos, como la minería del cobre u otros que han demostrado un nivel de conciencia e interés por hacerse parte de una avanzada de clase que agrupe eventualmente el poder de los trabajadores en un bloque que dispute un proyecto de sociedad diferente.

 

Dirigentes Puerto Mejillones
Trabajadores saliendo del primer día de negociación

 

El “mancha”, contando desde el hospital los pormenores de la golpiza que le dieron:


[1] www.puertoangamos.cl

[2] Antes se almorzaba en medio de las labores de carga, con condiciones sanitarias absurdas y sin posibilidad de descanso.

[3] http://www.elmostrador.cl/noticias/negocios/2013/04/03/cerca-del-85-de-los-puertos-estan-paralizados-y-gobierno-estudia-aplicar-la-ley-de-seguridad-del-estado/

[4] http://www.emol.com/noticias/economia/2013/03/27/590587/matthei-y-movilizacion-de-trabajadores-portuarios-no-sabemos-por-que-siguen-en-paro.html

[5] http://www.df.cl/conflicto-portuario-gremios-fruticolas-anuncian-paralizacion-de-cosechas-y-miles-de-despidos/prontus_df/2013-04-03/213358.html

[6] http://www.cooperativa.cl/noticias/pais/trabajo/gremios/exportadores-paro-portuario-nos-obliga-a-botar-la-fruta/2013-04-04/131241.html

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