Análisis de propuestas presidenciales (V): entre el continuismo neoliberal y las nuevas posibilidades para el sindicalismo

por Rodrigo Medel

(A continuación presentamos la penúltima columna de la serie enfocada en el análisis de las propuestas presidenciales sobre el área de trabajo. En esa ocasión, se analiza la apuesta de Bachelet, candidata electa y, por ende, la más importante en términos de los problemas que enfrentará la organicista de los trabajadores durante los próximos años. La próxima columna, a diferencia de las anteriores, consistirá en un análisis tentantivo de lo que consideramos como las propuestas más relevantes a las que se debiera orientar el sindicalismo hoy por hoy para avanzar en sus luchas.)

 

***

 

Como era de esperarse, los chilenos han optado por Michelle Bachelet como nueva presidenta. Elegida para gobernar con cerca de un 25% del total de la población con derecho a voto, la segunda vuelta muestra una de las tasas de participación relativa más bajas de la historia del país, lo que no es sino reflejo de una profunda crisis de legitimidad que, sin embargo, aún no ha tocado fondo. Cada vez queda más al descubierto que la economía neoliberal se encuentra en aprietos; los exagerados índices de desigualdad económica, el alto endeudamiento, la farsa de la movilidad social y la generalizada precariedad laboral han decantado en un profundo malestar colectivo. Como contraparte, ha surgido una incipiente reorganización de los/as trabajadores/as, nuevas formas de asociación territorial, nuevos y masivos movimientos regionales; en suma, un descontento social y político todavía inorgánico, sin una alternativa política clara, pero que pugna por transformar las estructuras de este modelo.

La candidatura de Bachelet se plantea entonces como una especie de salvavidas institucional ante dicha crisis, como la promesa para renovar la confianza en el sistema mediante reformas acotadas que desactiven o reduzcan la movilización social, y uno de los temas más apremiantes es sin duda el relativo al mundo del trabajo. ¿Qué se afirma de este tema en su programa de gobierno? Junto con reconocer la importancia de avanzar hacia un “trabajo decente”, y evidenciar la existencia de casi 600.000 jóvenes que no trabajan ni estudian, se recalca el bajísimo porcentaje de negociación colectiva en las relaciones laborales, que apenas alcanza al 12% de los/as trabajadores/as, planteando la necesidad de ampliarla de la mano, claro, con la tasa de sindicalización. Pero para afrontar tamaña tarea se propone como aspecto central eliminar el multirut, mecanismo que ha limitado enormemente la sindicalización y la negociación colectiva, pero que está muy lejos de ser la única razón.

“Este timorato
plan de reformas
se complementa
con elementos
propios de la
ambigüedad de la
candidata, como
la alusión al
Convenio OIT N°
87 sobre Libertad
Sindical y la
Protección del
Derecho de
Sindicalización,
que estaría
siendo incumplido
por la norma que
permite los
reemplazos de
trabajadores/as
durante una huelga.
Pero no existe
una respuesta
categórica para
resolver este
punto”

Además de ello, se propone impulsar una negociación colectiva con titularidad sindical. Esto pondría fin a la bi-titularidad actual por tratarse de un claro desincentivo a la sindicalización, toda vez que tanto los sindicatos como los grupos negociadores pueden llevar a cabo este proceso. Adicionalmente, se plantea la extensión automática de los beneficios de un contrato colectivo al trabajador que se afilie al sindicato que lo negoció, y que las negociaciones sucesivas tengan como piso mínimo las condiciones pactadas en las anteriores, apuntando a bloquear la posibilidad de un empeoramiento de las condiciones laborales, siempre que la situación económica de la empresa lo permita.

Este timorato plan de reformas se complementa con elementos propios de la ambigüedad de la candidata, como la alusión al Convenio OIT N° 87 sobre Libertad Sindical y la Protección del Derecho de Sindicalización, que estaría siendo incumplido por la norma que permite los reemplazos de trabajadores/as durante una huelga. Pero no existe una respuesta categórica para resolver este punto, señalando apenas la buena voluntad que animará su gobierno: “avanzaremos en el respeto a la libertad sindical conforme a las normas y convenios que Chile ha ratificado”. La misma indecisión se repite respecto al trabajo agrícola cuando se afirma que “avanzaremos en un nuevo marco legal que contenga el Estatuto del Temporero y la Actividad Agrícola de Temporada”.

Finalmente cabe mencionar la breve alusión que hace a los límites de las materias que se puedan acordar en una negociación colectiva con el empleador. Se propone una ampliación de éstas, siempre y cuando esto sea por acuerdo de las partes. Cuesta imaginar bajo que lógica un empleador puede entrar de manera voluntaria en un mutuo acuerdo con los sindicatos para negociar, por ejemplo, los bienes de dirección y gestión de la empresa.

Lo realmente preocupante de este programa no es tanto lo que dice, sino lo que calla. Hay por lo menos cinco aspectos gravitantes para cambiar la situación de los/as trabajadores/as en Chile y que están completamente ausentes.

El primer aspecto son los/as trabajadores/as del sector público que actualmente no cuentan con una institucionalidad que les permita ejercer sus derechos a la sindicalización, huelga y otras formas de acción colectiva, lo que se ha traducido sin lugar a dudas en un factor de precarización de estos trabajadores con el tiempo,  y que ha empujado a este sector a rebasar permanentemente la ley para resguardar su situación. Sobre este tema no se plantea absolutamente nada[1].

En segundo lugar, no hay alusión alguna al problema de la subcontratación, cuyo actual marco regulatorio es producto de su anterior gobierno. Este pernicioso mecanismo, que por un lado posibilita la flexibilidad y precariedad, y por otro lado contribuye a la  atomización y fragmentación del mundo sindical, y cuyo marco normativo limita la sindicalización y la huelga para estos trabajadores, no puede ser superado solamente con la eliminación del multirut u otras medidas mientras no ataquen la raíz del problema. Si se quiere resolver con seriedad este asunto, se debe despojar a la subcontratación de las prerrogativas antisindicales permitiendo la negociación directa a nivel de empresa mandante o incluso rama de actividad, y/o impidiendo que las reducciones de costos que supone para la empresa provengan de un empeoramiento en los beneficios laborales. Lo anterior asumiendo que es difícil esperar de esta coalición una voluntad por suprimir completamente uno de los pilares del crecimiento económico levantado a las espaldas de la clase trabajadora.

“No hay alusión
alguna al
problema de la
subcontratación,
cuyo actual marco
regulatorio es
producto de su
anterior gobierno.
Este pernicioso
mecanismo, que
por un lado
posibilita la
flexibilidad y
precariedad, y por
otro lado
contribuye a la
atomización y
fragmentación del
mundo sindical, y
cuyo marco
normativo limita
la sindicalización
y la huelga para
estos trabajadores,
no puede ser
superado solamente
con la eliminación
del multirut”

Como tercer aspecto, no se visibiliza un interés por mover ni un solo milímetro la hiperregulación a la que está sometida la negociación colectiva, la cual exige una cantidad innecesaria de plazos y procedimientos para hacerla efectiva, evidentemente para desincentivar su utilización. Pero además limita la huelga al marco de la negociación como mecanismo de última instancia, prohibiendo su desarrollo por causas solidarias, espontáneas o político sociales que puedan ameritarla.

Un cuarto problema es que se soslaya la verdadera miseria de los/as trabajadores/as rurales. Estos son los más desprotegidos en Chile, y la estructura misma del tipo de labores (temporales, estacionales, etc.) que desempeñan hacen necesaria la existencia de una legislación diferente que se haga cargo de resguardar sus derechos. Esta nueva legislación debería permitirles, entre otras cosas, poder negociar a nivel de oficio, territorio y rama de actividad económica. Hasta el momento, solo se han  aplicado unos cuantos parches para resolver los peores aspectos del régimen laboral en el que se encuentran. Vale la pena mencionar que la población chilena vinculada directa o indirectamente al mundo rural es de más de 6.000.000[2].

El último aspecto relevante (aunque sin duda debe haber otros que escapan a estos párrafos), es el de las PYMES. El hecho de que acaparen por lo menos 3 de cada 4 puestos laborales, al mismo tiempo que su estructura es en sí misma fragmentada, lleva a la necesidad de contar con mecanismos que potencien la sindicalización de trabajadores de este tipo de empresas a un nivel de coordinación mayor, ya sea sectorial o territorial.

La ausencia de una política clara sobre estos ámbitos sencillamente indica que el desborde institucional de la acción colectiva en temas laborales seguirá estando a la orden del día, y la cantidad de huelgas ilegales y de sindicatos constituidos al margen de la ley mantendrán su progresivo avance.

El ciclo político que se abre a partir de hoy hace imperiosa la necesidad de constituir una fuerza social que esté al margen del conglomerado político “Nueva Mayoría”. Sabemos que el capitalismo es un sistema que tiende al universalismo, y por muy justas y realizables que parezcan ciertas propuestas, su objetivo siempre será inscribirlas en alternativas políticas que sean compatibles con el actual patrón de acumulación.

Entendiendo que no podemos prestarnos para contribuir a la reconstrucción de la legitimidad de la actual democracia neoliberal, quienes en este escenario electoral nos sentimos llamados a la abstención tenemos el deber de dotar a nuestra decisión de un contenido político rebelde y constructivo, que haga más difícil el reacomodo que busca el bloque en el poder.

Es por ello que la abstención tampoco se trata de una política permanente. Sabemos que más temprano que tarde las contradicciones generadas por este modelo de relaciones laborales, sumado al avance irreversible de formas de poder por parte de los/as trabajadores/as, tenderán a levantar una alternativa político-social que puede tener como una de sus expresiones el componente electoral. Pero para ese entonces la organización de las y los trabajadores tendrá que ser capaz de combatir y hacer frente de igual a igual ideológica y socialmente a los dos bloques políticos defensores del capitalismo neoliberal, y generar las bases para que el movimiento de trabajadores/as avance en su conjunto para alcanzar sus fines políticos propios.

 


[1] Revisar columna cipstra “el nuevo rostro de la huelga en chile y la centralidad del sindicalismo”. http://www.cipstra.cl/webantigua/el-nuevo-rostro-de-la-huelga-y-la-centralidad-del-sindicalismo/

[2] Para profundizar en esa cifra y sus implicancias se recomienda el libro del PNUD Desarrollo Humano en Chile Rural. 6 Millones por Nuevos Caminos. http://www.pnud.cl/prensa/4.asp

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